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YOGA PARA LA DEPRESIÓN PERINATAL (PRENATAL Y POSPARTO)

¿Vas a ser madre o acabas de convertirte en una, y sientes que tienes todos los números para ser una de esas mujeres que sufren de depresión perinatal (prenatal o posparto) por diferentes motivos?


¿Conoces a una mami que no está tan animada como creías que podría estarlo después de ser madre?


¿O simplemente quieres averiguar como el yoga puede ayudar a llevar un baby blues o un estado de ánimo más tristón tras dar a luz?



En este post os explico un poco más detallado sobre esa depresión relacionada con el convertirse en madre, los síntomas y como el yoga puede ser una herramienta maravillosa para encontrar el equilibrio en esa nueva forma de vivir.

La depresión perinatal es aquella que ocurre durante o después del embarazo y sus síntomas pueden ir desde leves hasta graves. En casos excepcionales, los síntomas son suficientemente graves para poner en peligro la salud de la madre y del bebé.

Las madres con depresión perinatal experimentan sentimientos de extrema tristeza, ansiedad y fatiga que pueden dificultar que realicen sus tareas diarias, incluidos el autocuidado o el cuidado de los demás.

El término tristeza posparto (baby blues) se usa para describir cambios leves en el estado de ánimo, así como sentimientos de preocupación, infelicidad y agotamiento que muchas mujeres pueden experimentar durante las primeras dos semanas después de dar a luz.

Los bebés recién nacidos requieren atención las 24 horas, por lo que es normal que las madres se sientan cansadas e incluso abrumadas a veces. Si los cambios en el estado de ánimo y los sentimientos de ansiedad o infelicidad son muy fuertes, o si duran más de dos semanas, es posible que la mujer tenga depresión posparto. Por lo general, las mujeres que tienen este tipo de depresión no se sentirán mejor hasta que reciban tratamiento.

¿Qué la causa?

La depresión perinatal es una enfermedad médica real y puede afectar a cualquier madre, independientemente de su edad, raza, ingresos, cultura o educación.

QUE QUEDE CLARO…

Las mujeres no tienen la culpa de tener depresión perinatal. No es el resultado de algo que hayan hecho o no. No hay una sola causa para la depresión perinatal; más bien, las investigaciones sugieren que es el resultado de una combinación de factores genéticos y ambientales. El estrés de la vida (por ejemplo, las demandas laborales o experiencias traumáticas anteriores), las exigencias físicas y emocionales de tener hijos y de cuidar a un nuevo bebé.

Atención!

Hay un factor importante que son los cambios hormonales de los que ya hable en el post sobre yoga posparto que ocurren durante y después del embarazo. Estos pueden contribuir a la depresión perinatal, y se puede observar cuando en principio “estaba todo bien” y “fue de la nada”.


LA PROPIA SOMBRA

También hay una cuestión llamada la “propia sombra”, con la que las mujeres nos vemos enfrentadas durante el embarazo y tras el parto.

Ese proceso de parto, de cambio de vida, de “liberación”, puede ser más o menos doloroso, dependiendo de la facilidad que cada una tiene en abrazar a esa sombra, aprender de ella, observar y aceptar / trabajar lo que nos viene a enseñar.

Esa sombra viene en forma de miedos, inseguridades, traumas, cosas vividas que reprimimos y que afloran en este momento, procesos íntimos que muchas veces no sabíamos ni que estaban allí.

Os aconsejo un libro que, a mí, durante mi embarazo, me impacto mucho y habla precisamente sobre este tema: “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” de Laura Gutman.


Algunas mujeres pueden experimentar unos pocos síntomas de depresión perinatal mientras que otras pueden tener varios. Algunos de los síntomas más frecuentes de la depresión perinatal incluyen:

  • estado de ánimo triste, ansioso o "vacío" persistente;

  • irritabilidad;

  • sentimientos de culpa, nulidad, falta de esperanza o impotencia;

  • pérdida de interés o de placer en pasatiempos y actividades;

  • fatiga o disminución anormal de energía;

  • sentirse inquieto o tener problemas para quedarse quieto,

  • dificultad para concentrarse, recordar o tomar decisiones;

  • dificultad para dormir (incluso cuando el bebé está durmiendo), despertarse temprano en la mañana o dormir demasiado;

  • problemas para crear un vínculo emocional con el nuevo bebé;

  • dudas constantes sobre su capacidad de cuidar al nuevo bebé;

  • pensamientos sobre la muerte, el suicidio, o hacerse daño a sí misma o al bebé.

Todo esto puede sonar muy fuerte y es casi un tema tabú... pues cuesta relacionar una cosa tan bonita como el nacimiento de un bebe, el amor que eso supone con una situación de depresión y tristeza.

Aquí os digo que la depresión posparto es mucho más común de lo que nos pensamos y que se puede hablar de ello, de hecho, se debe… Por el bien de las madres y de los bebes.

Aquí es donde entra el yoga. Como siempre, repitiendo mi amor por esta gran herramienta y esta ciencia milenaria.



Abrazando la práctica del yoga como ese momento de conexión, equilibrio y centro, pero sin dejar de lado todos los beneficios físicos que conlleva una práctica de yoga físico:


1.- Conciencia corporal (personal), alongamiento, stamina y fuerza.


2.-El yoga ayuda a prevenir cuestiones cardivoasculares, presion alta, cuida del equilibrio hormonal en nuestro cuerpo, ayuda a reeducar la postura y liberar tensiones, bloqueos y contracturas del cuerpo.


3.-Practicando yoga lubricamos las articulaciones favoreciendo la producción de colágeno y ralentizando el envejecimiento de los tejidos a la vez que ayudamos a reducir exceso de tejido adiposo y trabajamos la musculatura de una manera completa.


Estos serían algunos de los muchos beneficios del yoga… pero específicamente para esa tristeza, ese "cocktel molotof" de hormonas, ese desánimo y pensamientos negativos e incluso destructivos, el yoga es una vía de “escape”, es el camino hacia la liberación de todo eso, es la práctica del volver a tu centro.


Practicando yoga, la nueva mama puede ofrecerse ese momento de ser ella sola otra vez y así ayudar transitar de forma más gradual el cambio de ser una persona a ser 2. Puede ayudar a transitar el cambio a la gran responsabilidad de cuidar de una vida, el cambio de estilo de vida y el cambio de su propia persona de manera más suave.

Practicando yoga, la nueva mama puede ayudar a regular ese desequilibrio hormonal e incluso entender y crear esa consciencia de que la “culpa” no es de ellas, muchas veces tiene un motivo químico.


Practicando yoga, la nueva mama puede crear esa conciencia de la inpermanencia y de que todo pasa, ayudado a sobrellevar las dificultades que una posparta pasa en su día a día.

Siempre recomiendo el yoga como una herramienta, un estilo de vida que ayuda a vivir feliz, caminar por la vida de manera más presente y consiente, ayudando en todos los procesos y desafíos de nuestro mundo interno y nuestro mundo externo.



El proceso y cambio que supone ser madre puede estar muy bien acompañado por la práctica del yoga, como rutina diaria o momento especial de la semana para ese reencuentro.


¿Qué te voy a decir yo que no te haya dicho ya?


Pruébalo y me cuentas ;)


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Namaste

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